Una familia de campesinos se encontró hace unas semanas con una extraña sorpresa entre sus cultivos de coca y plataneras en Putumayo, la frontera colombiana con Ecuador. Un cilindro metálico de casi dos metros y pintado de un verde medio oxidado. Era una bomba de 227 kilos lanzada por el Ejército ecuatoriano y todo apunta a que de origen estadounidense. En uno de esos azares casi inverosímiles, la bomba no explotó al caer en territorio ecuatoriano, donde tenía como objetivo a las mafias del narcotráfico. De rebote, el explosivo fue avanzando unos 300 metros hasta cruzar al otro lado de la frontera. El extraño caso ha provocado una crisis de envergadura entre ambos Gobiernos. Y de fondo, la escalada militar estadounidense en Latinoamérica, una nueva vuelta de tuerca a la guerra contra las drogas y otro ejemplo de que Donald Trump concibe la región -y así se ha referido su Gobierno- como su “patio trasero”.
Una familia de campesinos se encontró hace unas semanas con una extraña sorpresa entre sus cultivos de coca y plataneras en Putumayo, la frontera colombiana con Ecuador. Un cilindro metálico de casi dos metros y pintado de un verde medio oxidado. Era una bomba de 227 kilos lanzada por el Ejército ecuatoriano y todo apunta a que de origen estadounidense. En uno de esos azares casi inverosímiles, la bomba no explotó al caer en territorio ecuatoriano, donde tenía como objetivo a las mafias del narcotráfico. De rebote, el explosivo fue avanzando unos 300 metros hasta cruzar al otro lado de la frontera. El extraño caso ha provocado una crisis de envergadura entre ambos Gobiernos. Y de fondo, la escalada militar estadounidense en Latinoamérica, una nueva vuelta de tuerca a la guerra contra las drogas y otro ejemplo de que Donald Trump concibe la región -y así se ha referido su Gobierno- como su “patio trasero”.





