Una sensación de calma recorre Rusia a pesar de que son meses peligrosos. Las esperanzas que puso el Kremlin en que Donald Trump le entregase Ucrania en bandeja se han desvanecido, la guerra es una sangría para Rusia sin victorias estratégicas, y las fuerzas de seguridad refuerzan su control sobre el Estado a pocos meses de unas elecciones legislativas que se presentan como un plebiscito sobre Vladímir Putin. La perspectiva de una escalada bélica no se desdeña en Rusia. Tanto contra Europa, a la que Moscú equipara con la Alemania nazi y que podría ser la excusa para involucrar aún más a la sociedad rusa en su guerra; como contra Ucrania, a la que bombardea todavía con más dureza. El líder ruso dice confiar en “una victoria inminente”, pero el curso de la guerra dice lo contrario. La decisión está en sus manos y no da señales de renunciar a ninguno de sus objetivos.





